El papel de la educación, salud y pobreza dentro de las estrategias necesarias para que una sociedad pueda lidiar con la delincuencia, es solo una obligación del estado o podrían intervenir otros actores sociales.

Preguntas Incómodas, 2024.

Para responder a la pregunta sobre el papel de la educación, la salud y la pobreza en las estrategias para enfrentar la delincuencia, partamos desde una premisa que me parece fundamental: la lucha contra la delincuencia no puede ni debe recaer únicamente en manos del Estado. Como sociedad, estamos interconectades y, por lo tanto, tenemos un deber compartido de enfrentar estos problemas de manera integral y multisectorial. Aquí, tanto la educación, la salud, como la pobreza juegan roles esenciales, y no se puede ignorar el aporte que otros actores sociales pueden y deben tener en esta lucha.

Siempre he creído que la educación es el primer ladrillo en la construcción de una sociedad más justa y menos violenta. La World Compliance Association lo deja claro cuando menciona que la educación no solo es una herramienta para adquirir conocimientos, sino que también es un medio para construir una cultura de legalidad y respeto a las normas sociales. La prevención del delito empieza en las aulas, pero no debe quedarse allí. Es aquí donde el sector privado, las organizaciones no gubernamentales, e incluso las familias tienen un papel determinante. Imaginemos, por ejemplo, programas educativos financiados por empresas privadas que no solo formen en matemáticas y lenguaje, sino que también promuevan valores como la tolerancia, la resolución pacífica de conflictos y el respeto a la diversidad.

Desde mi perspectiva, la prevención del delito a través de la educación no puede ser solo una responsabilidad del Estado. ¿Por qué no? Porque hay múltiples espacios en los que se educa más allá de las escuelas: las casas, los espacios comunitarios, los lugares de trabajo. Y allí, actores sociales clave, como líderes comunitarios, asociaciones civiles y empresas, también deben tener un rol activo.

Por otro lado, la FLACSO ha señalado que la pobreza y la desigualdad son factores directamente vinculados con la delincuencia, particularmente en países con alta inequidad como los nuestros . ¿Significa esto que la pobreza es excusa para delinquir? No necesariamente, pero lo que sí significa es que un entorno de pobreza extrema crea condiciones que aumentan el riesgo de que las personas recurran a la delincuencia como una solución a su desesperanza.

Aquí entra otro actor clave: la comunidad internacional. Programas de asistencia y financiamiento de organizaciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional deberían alinearse con proyectos que reduzcan la desigualdad y ofrezcan alternativas a las personas en situaciones de vulnerabilidad. No obstante, no es únicamente una cuestión de recursos. La sociedad civil organizada y organizaciones de base comunitaria también tienen un rol fundamental en fomentar proyectos de desarrollo que generen oportunidades de empleo y desarrollo social en comunidades marginadas.

En la reducción de la pobreza como estrategia para prevenir el delito, los gobiernos no deben trabajar de manera aislada. Las empresas pueden generar empleos dignos, las ONGs pueden crear redes de apoyo, y las universidades pueden ofrecer programas educativos que empoderen a las personas para salir de la pobreza.

Sin embargo, no podemos subestimar el papel de la salud pública en este marco. Los problemas de salud mental, por ejemplo, están profundamente conectados con conductas delictivas. Según algunos estudios, una adecuada atención en salud mental reduce significativamente las posibilidades de que una persona caiga en el delito. En este sentido, el Estado es crucial, pero la sociedad civil también puede ser parte de la solución.

¿Por qué no pensar en un modelo de prevención en el que los centros comunitarios, con apoyo tanto de entidades públicas como privadas, ofrezcan atención gratuita y accesible en temas de salud mental? Así, en lugar de solo reaccionar ante la delincuencia, estaríamos actuando proactivamente para prevenirla. El acceso a servicios de salud integral, sumado a programas de reinserción social, es una herramienta poderosa para evitar que quienes han caído en conductas delictivas reincidan.

Ahora bien, de acuerdo con Página66, es en la adolescencia donde la educación se convierte en una herramienta determinante para combatir la delincuencia juvenil . Sin embargo, ¿quién es responsable de esta educación? Aunque tradicionalmente se asume que es el Estado, yo creo firmemente que hay una gran oportunidad para que otros actores jueguen un papel significativo. Las familias, por ejemplo, son el primer entorno educativo de una persona. Y las empresas privadas podrían implementar programas de mentoría o formación laboral para jóvenes en situación de riesgo. De este modo, no solo se educa en términos académicos, sino que se abre un horizonte de oportunidades para quienes de otro modo se verían empujades hacia la delincuencia.

En definitiva, la lucha contra la delincuencia a través de la educación, la reducción de la pobreza y la mejora de la salud es una tarea titánica que, por su misma naturaleza, no puede recaer únicamente sobre los hombros del Estado. Es un esfuerzo que debe involucrar a todos los actores sociales: desde las familias hasta las empresas privadas, pasando por las ONGs, las instituciones educativas y los organismos internacionales.

No se trata solo de que el Estado implemente políticas públicas. Se trata de que toda la sociedad se organice y participe en este proyecto común de prevención del delito y mejora de la convivencia social. Solo a través de un esfuerzo conjunto podremos aspirar a una sociedad más segura, equitativa y justa.

 

Referencias Bibliográficas:

World Compliance Association. (s.f). La educación como herramienta para la prevención de la delincuencia y la promoción de una cultura de la legalidad. Recuperado de https://www.worldcomplianceassociation.com/1372/noticia-la-educacion-como-herramienta-para-la-prevencion-de-la-delincuencia-y-la-promocion-de-una-cultura-de-la-legalidad.html

Bámaca, C. (2014). Pobreza, desigualdad y violencia en América Latina. FLACSO. Recuperado de https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/bitstream/10469/6876/1/RFLACSO-Re5-05-Bamaca.pdf

Página66. (s.f). El papel de la educación en la prevención de la delincuencia juvenil. Recuperado de https://pagina66.com/art/127228/el-papel-de-la-educacion-en-la-prevencion-de-la-delincuencia-juvenil

Preguntas Incómodas. (2024). ¿Cuál es la relación entre violencia, crimen y pobreza? (Video). [YouTube]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=TWBLUazDuxY


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